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Si tuvieras que definir la solidaridad, ¿cómo lo harías? Para las Naciones Unidas, se trata de uno de los valores fundamentales y universales que debe inspirar las relaciones internacionales en el siglo XXI. Es tan importante que se ha creado el Fondo Mundial de Solidaridad y también existe el Día Internacional de la Solidaridad Humana, que se celebra el 20 de diciembre. 

El filósofo Séneca dijo que “No hay bien alguno que no nos deleite si no lo compartimos”. Gracias al poder de la solidaridad, podemos compartir problemas y buscar soluciones. Podemos tomar conciencia de que somos una sociedad global y que vivimos siendo uno. 

Ahora que el mundo se enfrenta a los impactos del calentamiento global, en cualquier lugar y sin hacer distinciones, la solidaridad es más necesaria que nunca y la justicia climática, también.

¿Qué es la justicia social y climática?

La solidaridad es también esencial para la justicia social y climática. Este concepto, que probablemente hayas escuchado más últimamente, defiende que la crisis ambiental no solo es ambiental. Ni mucho menos. 

Fue en el año 2000 cuando tuvo lugar la primera cumbre de la justicia climática en La Haya y dónde se habló, también por primera vez, de que las consecuencias del cambio climático no son iguales para todas las personas. Ante un desastre natural, las comunidades más vulnerables son las que lo tienen más difícil para recuperarse porque factores como la raza, el género o el ingreso son determinantes en este proceso de recuperación. 

Si el programa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible pone en el centro de sus propuestas a la persona y al planeta, la justicia climática también. Y si los problemas ambientales están relacionados con los problemas sociales, económicos, históricos e incluso con el colonialismo y el racismo, las soluciones que se aporten deben tener en cuenta el componente humano. 

El cambio climático ha puesto en riesgo el planeta pero también los derechos de las personas.

La mayoría de los países de mayor riesgo son los más pobres y, sin embargo, son los que menos contribuyen al problema:

  • Como indica el Panel Internacional de Recursos (IRP), del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los países más ricos consumen de media 10 veces más recursos que los más pobres. 
  • Según el Banco mundial, en los países de renta alta solo vive una sexta parte de la población mundial pero emiten 44 veces más CO2 que los de rentas más bajas.
  • El Índice de Riesgo Climático de la Infancia revela que 33 países, entre ellos la República Centroafricana, Chad, Nigeria y Guinea, tienen un riesgo muy alto para la infancia aunque esas naciones sólo son responsables del 9% de las emisiones de dióxido de carbono mundiales. 
  • Los 10 países con mayores emisiones, como China, Estados Unidos, Rusia y Japón, representan casi el 70 % de las emisiones mundiales pero los niños que viven allí, son los que corren menos riesgos.

La justicia climática quiere evitar que haya ganadores o perdedores. 

Si no nos tomamos en serio el cambio climático y dejamos que siga su curso, todas estas desigualdades existentes se agudizarán. Por eso, no podemos olvidar que todos somos vulnerables.

Una crisis para todas las edades

Hace tiempo que los jóvenes están demostrando que ellos también pueden entrar en el debate climático global. Al fin y al cabo, son los que van a heredar el planeta así que se les debe escuchar más que nunca.  

Según un estudio, los niños nacidos en 2020 vivirán un aumento de 2 a 7 veces en eventos climáticos extremos, particularmente olas de calor, en comparación con las personas nacidas en 1960.

Cada vez son más los activistas jóvenes que no se conforman simplemente con las palabras de los líderes mundiales. Quieren decisiones, cambios, soluciones. En este sentido, la buena noticia es que se está avanzando y El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ya reconoce el papel que juegan los jóvenes en todos los problemas ambientales que enfrenta el mundo. 

Poco a poco, la solidaridad intergeneracional se consolida, demostrando que los jóvenes también pueden estar en el centro de la acción climática. Porque esto no es una cuestión de edad pero sí es una cuestión de tiempo.

Una crisis para todos los lugares

El Sur Global es un concepto acuñado por Carl Oglesby en 1969 para referirse a los países del tercer mundo, aunque también puede incluir a las regiones más pobres de los países ricos del norte. 

Si algo ha demostrado el cambio climático es que el Sur Global ha sido explotado por el Norte Global durante años. 

Ya hay estudios que revelan que entre 1961 y 2000, en los países pobres, el cambio climático afectó en los ingresos per cápita entre un 17 y un 30%

Para cambiar esta situación, es necesario admitir, aunque nos cueste, que las amenazas existen en cualquier lugar del planeta. No importa dónde vivas. 

Grassroots: cuando la unión hace la justicia

El cambio climático también ha impulsado la organización de los grassroots, un concepto actual que, en realidad, se refiere a los movimientos sociales que siempre han existido y cuyo objetivo es el de organizarse e influir en la toma de decisiones de un asunto que les afecta directamente. 

Entonces, si estas movilizaciones siempre han existido a lo largo de la historia, ¿qué es lo que diferencia a los grassroots? Precisamente, la solidaridad que crece dentro de estos grupos y que hace que todos los miembros se relacionen, se impliquen y compartan liderazgos para conseguir los objetivos. 

Los grassroots que promueven la justicia climática destacan por poner a las personas en el centro de todo y tener en cuenta todas las realidades. 

La justicia climática: otra manera de hacer las cosas es posible

Desde hace años, los Estados, empresas y organizaciones internacionales saben que es necesario mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de 1,5 °C y alcanzar un valor cero de emisiones netas para 2050. Las medidas tienen que estar enfocadas hacia estos objetivos pero ahora también sabemos que no se pueden dejar de lado los derechos de las personas.  

Con la justicia climática, la transición hacia un futuro sostenible es un camino justo para todos porque lo justo es que todos ganemos.