Social

Andrés Conde, Director General de Save the Children España. 

 

Empezó trabajando en mesa de operaciones como dealer y, de pronto, la falta de sentido en aquello que hacía lo impulsó a cambiar de sector. Durante 14 años se dedicó al mundo editorial: cultura, educación… algo que le llenaba substancialmente más. Aún así, cuando cumplió los 40, Andrés decidió dedicarse profesionalmente a aquello que había hecho, hasta el momento, de manera voluntaria. Su experiencia y una fuerte motivación social -que le había nacido ya de muy joven- le llevaron hasta Save the Children. Andrés nos habla con pasión y convencimiento, pero no duda un segundo en afirmar que las acciones deben estar por encima de las palabras. Ya puede ver la entrevista completa en IGTV

 

 

¿Qué te mueve?

Te das cuenta de lo aleatorio que es el destino de cada persona. Depende de su lugar de nacimiento, radicalmente. No solo país, sino el contexto social en el que naces -por puro azar- va a determinar completamente tu vida. Y ver esa diferencia tan enorme que existe para mí es una motivación fortísima para trabajar para que podamos compensar esas desventajas. Tenemos en deber de hacerlo. Por qué un niño que ha nacido a 10 minutos de donde viven mis hijos tiene 10 años menos de esperanza de vida como ser humano y tiene muchas menos oportunidades educativas, no tiene la red social de apoyo que tienen nuestros hijos… Trabajar para compensar esas diferencias que se basan en el origen es una motivación muy fuerte. 

 

 

¿Cuáles son los objetivos de Save the Children? 

Son tres objetivos sencillos, pero de enorme envergadura. Es conseguir que cada niño, cada niña, con independencia de dónde haya nacido, tenga el derecho a sobrevivir, a aprender y a vivir protegido de violencia y pueda desarrollar todo su potencial. Son estas tres cosas: sobrevivir, aprender y estar protegido. Porque por desgracia, un número enorme de niños y niñas muere antes de cumplir cinco años por causas prevenibles: porque le falta una vacuna, porque no puede nutrirse suficientemente, no tiene acceso a agua potable… Hay un número enorme de niño que no aprende porque no tiene el acceso a una educación de calidad. Y hay un número enorme de niños que vive en circunstancias de violencia cronificada. Entonces, es conseguir esas tres cosas. 

 

Asistencia y denuncia. 

La asistencia humanitaria, la asistencia inmediata a los niños y niñas que están en situación de vulnerabilidad es obligatoria. Lo primero que necesita un niño en esa situación es que le ayudes. Pero lo segundo que necesita es que no haya más niños que sufran esa situación. Para eso hay que denunciar injusticias que están sufriendo esos niños y trabajar para que producir cambios sistémicos. De modo que la labor de asistencia nunca es suficiente. Nuestra labor es evitar que se den esos casos para eso hacemos trabajo de incidencia política y de incidencia social. De incidencia política para cambiar marcos regulatorios que afectan a la infancia, conseguir marcos legales que sean protectores de lo que la infancia necesita y también para cambiar mentalidades sociales. Por ejemplo, en España hay un nivel elevado de la violencia hacia los niños. Hay muchas formas de violencia que se entienden casi como estrategias pedagógicas. Tenemos que trabajar para cambiar esos paradigmas. 

 

 

La emergencia climática y la infancia

Los países que están sufriendo ya, no en el futuro sino hoy, el mayor impacto del cambio climático en términos de sequías, en términos de fenómenos naturales súper destructivos, en términos de seguridad alimentaria, son los países del Sahel, el Golfo de Bengala en Asia, y también el cuerno de África. Claramente, esos países apenas emiten carbono, sin embargo, son los que más están sufriendo esas consecuencias. Y muy especialmente la infancia, porque son países en los que la mitad de la población son niños y niñas. Para nosotros, pues, la emergencia climática es la mayor amenaza que existe para la infancia en este momento en el mundo. 

 

 

Movilizaciones niños-adolescentes. 

Estamos trabajando ya en la mitigación de sus consecuencias, y estamos trabajando también con las poblaciones en la adaptación a esta nueva realidad climática que lleva a eso: periodos muy prolongados de sequía, una carencia de alimentos muy generalizada en estos países -tenemos 14 países en estos momentos en riesgo de hambruna, esto no había pasado nunca y tiene que ver los efectos del cambio climático-. Entonces, es muy importante. Y también tener en cuenta que esto es una batalla intergeneracional. Quizás batalla no es la mejor palabra, pero es verdad que no es extraño que sean los adolescentes y los jóvenes que están movilizándose por el clima porque son los que van a heredar un mundo muchísimo más difícil por culpa de la manera de consumir que tenemos los adultos en este momento. Nuestro papel como Save the Children, como organización de infancia es apoyar esa movilización infanto-juvenil, porque son ellos quien están luchando por los recursos que un día tienen derecho a utilizar igual que nosotros los estamos utilizando. 

 

¿Qué están haciendo los gobiernos para paliar la pobreza infantil?

Nuestro país invierte menos de la mitad de la media de la Unión Europea en políticas de familia e infancia. Tenemos un alto comisionado de lucha contra la pobreza infantil pero los presupuestos generales del estado no recogen inversiones suficientes de apoyo a la crianza y de compensación de las desventajas de las familias más pobres. Nuestro gobierno tiene que tomarse muy en serio el problema de la pobreza infantil, tiene que invertir una cantidad de recursos mucho mayor que la que ahora está invirtiendo y tiene que centrar su mirada sobre las familias con hijos a cargo como las más vulnerables en situación de pobreza y mirarlas desde la perspectiva de empleo, vivienda y protección social. Hay países que han tenido un éxito enorme en la reducción de la pobreza infantil y ha sido cuando colocan la pobreza infantil como prioridad del gobierno y la miran desde esta triple óptica del empleo, la vivienda y la protección social para sacar a los niños adelante. 

 

Ley de protección de la infancia (Save the Children ha abanderado esta lucha)

¡Una de cada dos, delitos de agresión sexual que llega a la policía tiene un menor como víctima en nuestro país! Es un absoluto escándalo. Tenemos un problema de normalización de la violencia hacia los niños, niñas y adolescentes que teníamos que resolver, y lo teníamos que resolver a través de un marco regulatorio diferente. Save the Children ha trabajado durante 12 años con cuatro gobiernos diferentes, con otras organizaciones de infancia y con la judicatura, la policía, organizaciones de todo tipo, en la construcción de una ley que pueda proteger a nuestra infancia de la violencia. Y fue aprobada hace unos meses, el mes de junio. Para nosotros es un grandísimo avance. Además, la ley es una de las más avanzadas, si no la más avanzada del mundo, en protección de la infancia y quizás su mejor virtud es que es una ley de prevención. No es una ley punitiva, no es una ley de persecución del infractor o de la persona que ejerce la violencia, sino que es una ley dedicada a prevenir que la violencia ocurra. Y eso es algo enormemente positivo para nuestros niños y niñas. 

 

Escuchar a los niños

Los adultos nos vemos perfectamente capaces de diagnosticar los problemas que afectan a la infancia y de arbitrar sus soluciones sin escucharlos. Y muchas veces entre nuestra edad y la suya han pasado muchísimas cosas. Entonces, no somos los mejores para interpretar qué les está pasando y cómo podemos mejorar su situación. Mi experiencia es que siempre que les das altavoz, siempre que les preguntas, ellos son perfectamente capaces de diagnosticar qué les ocurre y perfectamente capaces de dibujar posibles alternativas de solución. Entonces sería escuchar a los niños y a las niñas, pero también a nivel familiar, ¿eh? Ya hablamos a nivel institucional, a nivel organizacional y también a nivel familiar, en las decisiones que les conciernen, ayudaría a cambiar sus vidas de una manera muy clara y nos daría muchísima luz a los adultos sobre la realidad de los niños.