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Cuenta la fábula que un par de ratones jugaban junto a un árbol en el que un león intentaba conciliar el sueño. Harto de jaleo, de un salto, el león se plantó ante ellos. Los ratones intentaron huir, muertos de miedo, pero uno de ellos tuvo la mala fortuna de ser atrapado. El pequeño roedor suplicó clemencia, prometiéndole al león que si le dejaba vivir, algún día él también le ayudaría. Pero, ¿cómo iba un pequeño animal como ese ayudar al rey de la selva? Divertido, el león le dejó marchar. Unos días más tarde, el león cayó en la trampa que un cazador le había tendido. El ratón, al oír sus gritos de socorro, acudió a él, trepó por la red en la que estaba preso y empezó a roer las cuerdas hasta que consiguió liberarlo. Moraleja: no importa quién seas ni de dónde vengas, en algún momento de la vida vas a necesitar la ayuda de los demás -spoiler: y lo maravilloso es que te la van a prestar sin esperar nada a cambio-.

 

En un mundo globalizado, y en el que las diferencias aumentan cada día que pasa, la solidaridad internacional es imprescindible.

 

365 días de acción

El 20 de diciembre está marcado como el Día Internacional de la Solidaridad Humana por las Naciones Unidas. Los objetivos de este día se basan en:

  • Celebrar nuestra diversidad.
  • Recordar a los gobiernos que deben respetar los compromisos con los acuerdos internacionales.
  • Sensibilizar a la gente sobre la importancia de la solidaridad.
  • Fomentar el debate sobre las maneras de promover la solidaridad para el logro de los ODS.
  • Actuar y buscar nuevas iniciativas para la erradicación de la pobreza.

El programa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible tiene como objetivo crear una alianza mundial para ayudar a las personas a superar el hambre, la pobreza y las enfermedades. Por lo tanto, podríamos decir que es el punto de partida para una solidaridad universal que debe marcar el futuro del planeta. En un mundo globalizado, y en el que las diferencias entre personas aumentan cada día que pasa, la solidaridad internacional es imprescindible.

 

Solidaridad vs caridad

A veces, la solidaridad y la caridad pueden confundirse, cuando son conceptos diferentes. Como dice Galeano, “A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder”. La solidaridad nace de la empatía y del respeto. Del altruismo, de la filantropía. De la voluntad de ayudar a aquellos que lo necesitan poniéndonos en su lugar y buscando un cambio que haga que su situación mejore.

Resulta imprescindible cubrir las necesidades más urgentes, en un primer momento, pero no podemos quedarnos con eso. Como bien decía Marta Cañas, directora General de Médicos sin Fronteras, en la entrevista que le realizamos el pasado mes de julio, “hay que dar primero el pescado para que la persona tenga la fuerza para aprender a pescar”. La persona debe tener cubiertas sus necesidades básicas, luego la solidaridad continúa ayudando a la persona a conseguir los medios para que salga adelante por su propio pie. Solo lograremos justicia social luchando por la igualdad de oportunidades y la solidaridad es el camino.

 

El día de la generosidad

Si buscamos proyectos solidarios nos encontraremos con mil opciones y más. Sin duda. Pero una de las llamativas -y puede que más recientes- es la que responde al consumismo desaforado del famoso Black Friday o del Cyber Monday. La otra cara de la moneda es el Giving Tuesday. Desde 2012, cada 30 de noviembre se celebra esta fecha con la voluntad de generar iniciativas que promuevan en otro tipo de valores. Se insta a ciudadanos y empresas a donar ropa, dinero, alimentos… En España, en 2020, se calcula que se llevaron a cabo 300 acciones y se recaudaron casi 500 mil euros en donaciones. Esperamos que la iniciativa crezca y se extienda más allá del último martes de noviembre.

 

No -solo- cuestión de dinero

ONG, fundaciones, recaudación de alimentos, maratones televisivas… A veces nos puede parecer que ser solidario es sinónimo de donar dinero. Y si bien es cierto que, en muchos casos, los recursos económicos abren las puertas, existen muchas otras opciones: el voluntariado, aportando otros recursos, conocimientos o tiempo -a veces casi más valioso que el propio dinero-. ¿Cuántas personas jubiladas conocemos que dedican su tiempo a los demás? Dando clases, acompañando personas solas, colaborando con entidades del barrio… Sin ir más lejos, ¿cuántos médicos retirados han vuelto a vestir la bata durante esta pandemia para ayudar a salir del atolladero? Ser solidario es sumar, con lo que se pueda y dentro del contexto de cada uno que no es, ni mucho menos, el mismo.

El voluntariado es uno de los grandes pilares de la solidaridad y lo demuestran los datos: más de dos millones de personas que nunca habían hecho voluntariado han realizado algún tipo de acción solidaria a raíz de la pandemia y 8 de cada 10 que sí estaban implicadas reforzaron su compromiso-datos del Observatorio del Voluntariado de la Plataforma del Voluntariado de España-.

 

De la nuevas necesidades nace una nueva solidaridad, que intenta aplacar la situación límite que se vive, por primera vez, en muchas de nuestras ciudades

 

La nueva solidaridad

La crisis económica derivada de la pandemia disparó los índices de pobreza de forma alarmante. Para más gente de la que pensamos, esa nueva normalidad de que se hablaba consistía en tener que pedir ayudas para poder vivir, por primera vez en su vida. La nueva pobreza. A esta nueva pobreza, las personas y familias que ya vivían en condiciones precarias vieron agravada su situación.

Según el informe realizado por la fundación FOESSA para Cáritas, “La privación material severa aumentó casi un 50% en tan solo un año, alcanzando un valor similar al registrado en los momentos más álgidos de la crisis anterior”, así como “el porcentaje de hogares que no pueden permitirse una dieta básica creció más de un 40%. Similar fue también el crecimiento de las dificultades para mantener una temperatura adecuada en la vivienda, justo en los meses en los que la población tuvo que pasar más tiempo en casa”.

De estas -lamentables- nuevas necesidades nace una nueva solidaridad que intenta aplacar la situación límite que se vive, por primera vez, en muchas de nuestras ciudades. Proyectos como ‘ADGxCruz Roja: 50 images that can help’, en el que 50 fotógrafos han donado sus obras en beneficio de las acciones de la Cruz Roja ante la emergencia sanitaria o la iniciativa de uninicio.org en la que se repartían cajas de comida para las personas dependientes o más necesitadas, entre muchas otras acciones. En todas las ciudades del país vimos personas movilizadas en beneficio de sus vecinos, algo que hasta el momento no se había vivido -en estas dimensiones-.

 

Cadenas de solidaridad

Generosidad, empatía, compromiso, dignidad, optimismo, felicidad… Son valores y sentimientos que, junto al trabajo duro, mueven tantas ONG y fundaciones. Estas entidades, gracias a las donaciones o voluntariado, realizan un trabajo profundo para cambiar el sistema y luchar por un mundo en el que haya justicia social y equidad, creando una red que se va ampliando y fortaleciendo.

Tan pronto encontramos proyectos locales, muy cercanos, como la Fundació Pare Manel -que tiene como destinatarios niños y jóvenes en riesgo de exclusión de ciertos barrios de Barcelona- como organizaciones de más envergadura que llevan a cabo sus proyectos de transformación social en otros países en vías de desarrollo. Una muestra del poder de la solidaridad nos llega desde Kenia, de la mano de Ayuda en Acción, es la historia de Wan.

Cuenta Wan que cuando ella era pequeña, en su pueblo, el destino de una niña era ser mutilada -mediante ablación- y casada. A cambio, los padres recibían una cantidad establecida de vacas y la historia volvía a empezar. Y se repetía, generación tras generación. Pero gracias al proyecto que Ayuda en Acción y la Fundación Kirira llevaron a cabo, Wan pudo recibir una educación que le salvó la vida. Ahora, Wan es profesora y, como le pasó a ella, dedica su vida a educar otras niñas, otras familias, para cambiar una sociedad entera. La mejor noticia es que está triunfando.

 

Con historias como ésta, poco queda por añadir.